Mi sueño se diluyó en un vaso de agua que bebiste con suavidad... Destino ¿Dónde lo dejaste? Encomendé a ti el más grande deseo, visceral, insensato, el delirio que osé pensar y creí posible... Lo arrugaste como se arruga una hoja, lo mordiste como un perro a un cartero, lo despreciaste como el desamor al 14 de febrero, lo desapareciste en un aplauso de desdén...
Es el soplo de vida que trae el anhelo de la felicidad, el placer de sentir que aún se cree en la esperanza, es un rompecabezas que tiene las orillas de todas las formas y sólo basta encajar pieza por pieza... Y, afortunadamente o desafortunadamente, es naturaleza de todo hombre soñar... Desde el niño que sueña con volar, hasta el anciano que prefiere morir en paz, todos sueñan.
Unos quieren ganar la lotería y con un poco de suerte y muchos "cachitos" de Melate y Revancha tal vez lo logren... Otros sueñan con salir de la oficina, quitarse los lentes, ponerle el bozal a la pena, entrar a una cabina de teléfono y salir con capa y una "S"; evidentemente en la resignación de saber que eso nunca pasará surge el desconsuelo y muere el sueño, la resignación lo mata como un cuchillo sin filo rebana el puré de papa...
Días pasan y vemos afortunados en realitys shows, concursos de belleza, partidos de futbol, conocidos expuestos y envidiados por los que únicamente tenemos el control del televisor... Y hay otros, anónimos, que no necesitan de la envidia ni el reconocimiento de otros, ni del honor ni la gloria que les de la fama y la riqueza, que les basta con tener comida y techo; ¿qué tal la pareja que al fin ha pagado su hipoteca? O la madre abnegada que se recuesta junto al hijo y los resultados que dicen que el cáncer ha desaparecido, que nunca más habrá de importunarlos, el hijo duerme sabiendo que no habrá vómito mañana pues no habrá quimioterapia ni análisis ni estudios ni malos tratos ni nuevos doctores que lo miren compadeciéndolo... Duerme y no sueña porque no hace falta una felicidad alterna.
La señora que tiene 1, 2, 3, ó 40 kilitos de más puede soñar con estar delgada, entrar en un vestido rojo encendido y ajustado, pasar al bar y tomar un martini con guantes blancos, un hombre a lo lejos se acerca... sí, el de la barbilla partida, el pelo abundante, la larga y blanca sonrisa, el traje limpio y la cartera llena, se acerca y le dice al oído palabras que ni yo podría escribir ni Dios escuchar... Y entonces, desde la franja de cielo que se alcanza a ver por la ventana caer relojes, tiembla el aire y ellos suenan estridentes, con ese tono desesperante que tanto odio como ustedes y ella, la bella que sólo fue bella en el País de las Maravillas y despertó de un sobresalto, apagó el despertador, se levantó de la cama ella y sus kilos que carga en su cuerpo, se ve al espejo y sabe que nunca será esbelta, le echa la culpa a su abuela y la genética, lo cierto es que nunca se ha decidido de hacer de su sueño una realidad... Da una vuelta y va a preparar el desayuno, para ella y su marido que todavía duerme y navega en el mundo onírico con Megan Fox como esposa y ¿Por qué no? También Natalie Portman lo acompaña a levantar la copa del Mundial con su uniforme de la amada y siempre verde Selección Mexicana...
Como en la excelente película de Inception vi, no basta el sueño, ni basta el anhelo... No podemos vivir de ellos, son insuficientes para el alma que sabe en el fondo lo que pasa; y mientras no cumplamos nuestros sueños la felicidad estará en lo lejos, con ellos. Cuando sabemos nuestros límites podemos llegar a tener deseos que podamos cumplir, el problema es definir nuestras limitaciones que, como siempre, depende de nosotros.
Nunca dejaré de soñar yo, por mi parte, no me limitaré a ser realista porque sé que en la ausencia de voluntad se forja el pesimista que se jacta de ser inteligentemente sensato cuando dice que es "realista". En la voluntad, señores y señoras, se halla el secreto para lograr todo, la mentalidad es lo que hace a los grandes y a los vencedores de las más grandes batallas, o eso quiere creer mi ingenuo sentimiento de esperanza que no morirá hasta que yo se lo ordene...
Es, efectivamente, soñar el primer paso para logar la grandeza, lo sublime, lo descabellado que osaron soñar nuestros antepasados que leemos en libros de historia o nuestros máximos ídolos, que empezaron con un granito de mostaza, de esos que nos prometió Dios.
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